Internet a la boliviana

Más información y enlaces acerca de los artículos de la columna Internet a la boliviana


Deja un comentario

Día de Internet

El 17 de mayo se celebra el Día de Internet en el mundo y en Bolivia también. Es una fecha para evaluar políticas estatales y empresariales, y es también un día para informar acerca de adelantos, retrocesos y retos en nuestro camino hacia la sociedad de información.

Lo primero, algunas cifras. Tenemos un crecimiento sostenido de cantidad de personas que usan internet en el país, el porcentaje oficial es del 40% de la población urbano-rural, según la Encuesta de Hogares del INE de 2015. Captura Consulting nos mostró hace pocos días que el 56% de la población boliviana que vive en las ciudades del eje se conecta regularmente. Y finalmente, la Agencia de Gobierno Electrónico (Agetic) hará público el 17 de mayo los primeros resultados de la encuesta nacional que aplicó a finales del 2016 y que muy probablemente mostrará un porcentaje aún mayor. Más allá del porcentaje exacto, la comprobación es que en los últimos dos años Bolivia ha incrementado la cantidad de usuarios de manera vertiginosa, a pesar de los precios por el servicio que siguen siendo altos y, sobre todo, del ancho de banda que aún está entre los más bajos de la región.

Esos y otros avances, como la implementación de firma digital, una plataforma de pagos en línea que incluye servicios más populares similares a las tarjetas de débito y Tigo Money; la oferta de servicios de fibra óptica de conexión a internet, entre otros, promueven el desarrollo de negocios digitales, servicios públicos y privados, y dinámicas sociales y políticas inclusivas.

Sin embargo, estamos aún muy lejos de los grandes centros tecnológicos como San Francisco, Shangai, Beijing o Boston, donde se están desarrollando los adelantos en robótica, nanotecnología y biotecnología. Estamos lejos de desarrollar e implementar inteligencia artificial, internet de las cosas, tecnología blockchain, machine learning (o aprendizaje automático), realidad virtual y aumentada o procesamiento de big data, por citar algunas tendencias digitales globales. Ni siquiera tenemos iniciativas de desarrollo de contenidos, a lo Netflix, por ejemplo, sean educativos, de entretenimiento u otros.

Este año parece que algunas cosas mejoran en lo que llamamos los “fierros”, es decir, en la infraestructura de telecomunicaciones, pero no tenemos prácticamente ninguna señal del siguiente paso: recursos humanos para el desarrollo científico. Existe un plan de ciencia, tecnología e innovación desde el 2013 elaborado por el Ministerio de Educación, pero poco hay acerca de su ejecución. Si el norte de política pública es la soberanía tecnológica, una política de desarrollo científico, tecnológico y de innovación es imprescindible, está en la base.

(Artículo publicado en la versión impresa del periódico La Razón de 15 de mayo de 2017 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Dia-Internet-Bolivia-opinion-Eliana-Quiroz_0_2709928984.html)

Anuncios


Deja un comentario

Soberanía tecnológica

Como sociedad, estamos acostumbrados a una forma de relacionarnos con la tecnología, es una relación en la que somos consumidores, estamos convocados, pero solo para comprar, ya sea un mejor teléfono celular, una laptop nueva, un juego para consola, un sistema de vigilancia para la oficina o más crédito para el celular. No pensamos que podemos crear nueva propia tecnología, no solo consumirla.

En el sistema mundial de tecnología nuestro país, y nosotros como parte de él, no tiene un rol activo de creación de tecnología, sino un rol pasivo de consumo. Y hemos asumido tanto ese rol que, por ejemplo, nos parece una gran noticia que algún muchacho o muchacha cree un robot o una nueva aplicación para celular, es tan raro, tan inesperado, que lo apreciamos como algo noticiable.

Incluso hay personas que invierten esfuerzos en desempeñar mejor su rol de consumo y se informan acerca de lo último en smartphones, computadoras y otros equipos de tecnología de comunicaciones, y hacen esfuerzos para adquirirlos.

En una escala mayor, entre los profesionales de informática a cargo de las unidades de tecnología de empresas e instituciones pasa algo similar. Su práctica más común es contratar una empresa, muchas veces una extranjera, que les provee equipos y software, y cuando tienen algún problema, solo levantan el teléfono para solicitarle soporte; imposible pensar en resolver los problemas por sí mismos, los softwares y equipos están cerrados, es un delito abrirlos para aprender. Claro, cuando a estos informáticos se les propone crear su propia tecnología, dudan de sus capacidades, se han acomodado en el rol de facilitadores de consumo tecnológico. En descargo, habrá que mencionar que algunas compañías invierten en algún desarrollo de software, aunque prácticamente nada en desarrollo de hardware.

Si subimos un escalón más, en el Estado tampoco es común que se desarrolle tecnología propia. Si vamos por lo básico, los correos electrónicos que usan los funcionarios suelen ser de servicios gratuitos de empresas como Hotmail y Gmail. Y si miramos lo grande, los servidores que almacenan la información que consumimos y la escasa que producimos suelen estar fuera del país; y lo propio pasa con el software de bases de datos, de monitoreo, de seguridad… Sí, ya lo saben, no nos pertenecen, solo pagamos por una licencia para usar, no para conocer ni para transformar.

Estos casos son muestras de la negación a nosotros mismos de apropiarnos soberanamente de la tecnológica que usamos, porque no se nos ocurre que algo así sea posible. Esta apropiación requiere más esfuerzo, es verdad, pero vale la pena, porque el resultado es ampliar nuestras opciones para tener una mejor vida y mejorar nuestros ingresos.

(Artículo publicado en el periódico La Razón del 22 de agosto de 2016 http://la-razon.com/index.php?_url=/opinion/columnistas/Quiroz-La_Razon-opinion-Bolivia_0_2550344944.html)