Internet a la boliviana

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Datos abiertos

Un grupo de gente especializada en comunicación, periodismo, informática, diseño web y políticas públicas; junto a activistas y entidades de cooperación internacional en América Latina se han organizado desde el 2013 para promover la apertura y el uso de datos abiertos que beneficien a la sociedad y mejoren las políticas públicas. Se reúnen anualmente en un evento que se llama Abrelatam.

A su vez, los gobiernos se han organizado en torno a esta misma temática, los datos abiertos de las administraciones públicas, y también se reúnen anualmente en otro evento regional latinoamericano, que se llama ConDatos. Todos los años se aprovecha la concurrencia de ambos eventos para hacerlos uno inmediatamente después del otro. Este año se realizarán en Costa Rica.

Aunque podría parecer que, al compartir el lugar del evento y parte de la concurrencia, no existen grandes desencuentros entre sociedad civil y gobiernos, los acuerdos no siempre están presentes. De hecho, un grupo de activistas ha sido protagonista de dos eventos de apertura de datos muy importantes que han tenido niveles de escándalo: uno a nivel global como es el #PanamáPapers, que reveló el ocultamiento en un paraíso fiscal de propiedades de empresas, activos, ganancias y evasión tributaria de jefes de Estado y de gobierno y líderes de la política mundial, entre otros.

El segundo caso es el de la constructora brasileña Odebrecht, que habría sobornado a funcionarios públicos de al menos 10 países latinoamericanos (Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela), durante los últimos 20 años, para obtener beneficios en contrataciones públicas. Por este caso, el expresidente del Perú Ollanta Humala y su esposa han sido encarcelados y la investigación sigue.

Ambos eventos, más el de #GobiernoEspía en México (un caso de espionaje gubernamental a periodistas y activistas de derechos humanos); además de un quiebre de la representación de la sociedad civil en las reuniones de la Alianza para el Gobierno Abierto (OGP), cuyos miembros decidieron salirse de la reunión, ponen un contexto complicado para el evento de Abrelatam y ConDatos en Costa Rica a finales de agosto.

Mientras tanto, en el país se ha aprobado entre funcionarios públicos una norma técnica para orientar la adecuación y apertura de datos del sector público. Sin embargo, parece que no existen más avances en esta política y solo unos pocos representantes de la sociedad civil participan y se enteran. Es un tema delicado, como lo muestran los casos internacionales, pero no parece importarle mucho ni al Gobierno ni a la ciudadanía.

 

(Artículo publicado en la versión impresa del periódico La Razón de 24 de julio de 2017 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Datos-abiertos_0_2751324867.html)

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Mujeres en tecnología (*)

La presencia de las mujeres en la creación de tecnología es escasa. Tal vez la estadística más escandalosa relacionada con este fenómeno es que solo el 1,5% de desarrolladores del software libre y de código abierto (FOSS) en el mundo son mujeres. Y aunque existen grandes excepciones, la escasa presencia es evidente. Algunos buenos ejemplos de mujeres en tecnología fuera del país son Marissa Mayer, la ejecutiva principal de Yahoo; la ejecutiva de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, nombrada como la mujer más poderosa de la tecnología en 2015 por la revista Forbes; y Susan Wojcicki, la  principal ejecutiva de YouTube. En Bolivia, Virginia Kama, jefa de desarrollo en la empresa Devenet; Irma Prado, jefa de ingeniería electrónica de la UMSA; y las dos emprendedoras de Codemia, Daniella García y Adriana Zegarra, son buenos ejemplos de la excepción.

Este fenómeno tiene varias explicaciones, unas que tienen que ver con la formación de roles de género, otras con el machismo y algunas más, por el acoso que deben soportar las mujeres en ambientes donde los hombres son la mayoría y que prefieren evitar.

Un estudio ha verificado que cuando una familia tiene una computadora y debe elegir en qué habitación ponerla, la mayoría la coloca en la habitación del hijo y no de la hija, alejando así la posibilidad de contacto de las mujeres con la tecnología. Se tiende a pensar que la tecnología, los fierros, el pensamiento lógico lineal es cosa de hombres; y que las carreras sociales, las relaciones, los sentimientos son cuestión de mujeres.

¿Pero, por qué es importante que las mujeres participen de la creación tecnológica? ¿Solo porque también tienen derecho? ¿O por qué la creación de tecnología se favorece con la diversidad de lógicas y experiencias? Pues no solamente por ello. En realidad, esto es importante por razones políticas. La creación de tecnología es una actividad que genera mucho dinero y que, por tanto, es un espacio de poder y, en este caso, dominado por los hombres. La escasa participación de las mujeres en esos espacios fortalece el orden de las cosas, donde las mujeres tienen roles subalternos, y refuerza la idea que las mujeres no pueden ocupar espacios de poder. Es producto de una construcción social, no es natural, no se debe a que las mujeres sirven para unas cosas y los hombres para otras. Por tanto, si el problema es político, entonces la solución también debe ser gestada desde una base política y no solo técnica. Algunos avances en el mundo se han dado desde el ciberfeminismo, cuya teoría y práctica son inexistentes en Bolivia.

(*) En homenaje a los 200 años del nacimiento de Ada Lovelace, la primera persona en definir un lenguaje de programación.

 

(Artículo publicado en versión impresa del periódico La Razón del 19 de octubre de 2015 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Mujeres-tecnologia_0_2365563459.html)


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Día de Internet

El 17 de mayo se celebra el Día de Internet en el mundo y en Bolivia también. Es una fecha para evaluar políticas estatales y empresariales, y es también un día para informar acerca de adelantos, retrocesos y retos en nuestro camino hacia la sociedad de información.

Lo primero, algunas cifras. Tenemos un crecimiento sostenido de cantidad de personas que usan internet en el país, el porcentaje oficial es del 40% de la población urbano-rural, según la Encuesta de Hogares del INE de 2015. Captura Consulting nos mostró hace pocos días que el 56% de la población boliviana que vive en las ciudades del eje se conecta regularmente. Y finalmente, la Agencia de Gobierno Electrónico (Agetic) hará público el 17 de mayo los primeros resultados de la encuesta nacional que aplicó a finales del 2016 y que muy probablemente mostrará un porcentaje aún mayor. Más allá del porcentaje exacto, la comprobación es que en los últimos dos años Bolivia ha incrementado la cantidad de usuarios de manera vertiginosa, a pesar de los precios por el servicio que siguen siendo altos y, sobre todo, del ancho de banda que aún está entre los más bajos de la región.

Esos y otros avances, como la implementación de firma digital, una plataforma de pagos en línea que incluye servicios más populares similares a las tarjetas de débito y Tigo Money; la oferta de servicios de fibra óptica de conexión a internet, entre otros, promueven el desarrollo de negocios digitales, servicios públicos y privados, y dinámicas sociales y políticas inclusivas.

Sin embargo, estamos aún muy lejos de los grandes centros tecnológicos como San Francisco, Shangai, Beijing o Boston, donde se están desarrollando los adelantos en robótica, nanotecnología y biotecnología. Estamos lejos de desarrollar e implementar inteligencia artificial, internet de las cosas, tecnología blockchain, machine learning (o aprendizaje automático), realidad virtual y aumentada o procesamiento de big data, por citar algunas tendencias digitales globales. Ni siquiera tenemos iniciativas de desarrollo de contenidos, a lo Netflix, por ejemplo, sean educativos, de entretenimiento u otros.

Este año parece que algunas cosas mejoran en lo que llamamos los “fierros”, es decir, en la infraestructura de telecomunicaciones, pero no tenemos prácticamente ninguna señal del siguiente paso: recursos humanos para el desarrollo científico. Existe un plan de ciencia, tecnología e innovación desde el 2013 elaborado por el Ministerio de Educación, pero poco hay acerca de su ejecución. Si el norte de política pública es la soberanía tecnológica, una política de desarrollo científico, tecnológico y de innovación es imprescindible, está en la base.

(Artículo publicado en la versión impresa del periódico La Razón de 15 de mayo de 2017 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Dia-Internet-Bolivia-opinion-Eliana-Quiroz_0_2709928984.html)


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Noticias falsas

El nuevo fenómeno de las dos últimas semanas en la vida pública digital, e incluso en la vida pública presencial, han sido, sin duda, las noticias falsas. Hemos visto y escuchado en nuestras pantallas noticias y mensajes de escasez de gasolina, amenazas de estados de sitio, sobre la existencia de armamento en el Chapare, paramilitares asesorados por rusos, entre otras noticias que resultaron no ser reales.

Las noticias falsas no tienen fuente identificable. Son alarmistas. Su contenido es predominantemente emocional, lo que ayuda a su viralización. No tienen datos que las respalden o los datos son falsos y no se verifican; y, ante todo, son difundidas por cada uno de nosotros y nosotras.

Acerca de fuentes no identificables, por ejemplo, se escucha un audio pero la persona que habla no se identifica; o se lee un texto que dice “desde el Colegio de Abogados de La Paz”, pero no se menciona el nombre de la autoridad de esa institución que estaría declarando. El texto utiliza signos de admiración, palabras superlativas como terrible, enorme o inadmisible. Estos son los contenidos emocionales. El tono intenta alarmar, y suele lograrlo. Prueba de ello son las largas colas que se organizaron días atrás en las gasolineras por un rumor sobre el posible desabastecimiento de ese carburante, a pesar de la aclaración gubernamental de la normalidad en su distribución.

Algunos, con ánimo analítico, dicen que estas son pruebas de la pérdida de credibilidad del Gobierno. Es probable. Sin embargo, el punto que me interesa es otro, los mensajes han sido tantos y tan frecuentes y, la verdad, bien hechos, que me parece que son producto de un trabajo organizado y planificado de empresas de comunicación masiva; ¿o cabe la posibilidad de que todas estas expresiones sean espontáneas? Por su frecuencia y viralización, no lo creo.

A mi parecer, hemos ingresado no solo a una etapa de enrarecimiento del debate público en internet, sino que esta etapa está operada en gran medida de manera organizada y profesional. Y aunque parece que no estoy diciendo una novedad, ya que varios usuarios de las redes sociales han percibido la emergencia de tropas de trolls y bots, entre otros bichos feos de la web, en realidad la novedad es que estas acciones estarían operadas por empresas y profesionales; operaciones a las que varios le hacemos el juego al compartir noticias sin fuente verificable, alarmistas, con contenido predominantemente emocional y datos falsos. Sin duda, un momento interesante para observar la web boliviana, pero triste también.

(Artículo publicado en el periódico La Razón del 22 de enero de 2018 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Noticias-falsas_0_2861113863.html)


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Fraudes en internet

En los últimos meses, los mensajes intentando hacer caer a personas en un fraude o noticias falsas que se difunden por Facebook y WhatsApp son casi diarias. Por ejemplo, mensajes fraudulentos de reclutamiento de personal para algunos supermercados sucedieron en época navideña. La persona interesada debía depositar un monto a través de Tigo Money para que le llegue un certificado de habilitación con el que se presentaría a trabajar al supermercado más cercano a su casa. O mensajes que anuncian el haber ganado premios y dan un número de celular para comunicarse y reclamar los premios.

Acerca de noticias falsas, suelen ser de tono político. Como esa de un supuesto jurado que había recibido capacitación de un funcionario del Tribunal Supremo Electoral mencionando que para anular un voto se debía marcar al menos en ocho casillas de candidatos y que una cruz grande encima de todos no iba a ser válida. Aunque también las hay de tipo empresarial. Un ejemplo fue aquella cuando se cayó un techo falso (nada grave) en el Megacenter, y se publicaron en Facebook fotos de uno de los supuestos pilares de aquel complejo recreativo dañado, dando a entender que había la posibilidad de que toda la estructura pudiese ceder.

La mayoría de los usuarios no está preparado para hacer frente a mensajes de este tipo y varios caen en el fraude o creen en las noticias falsas, y las comparte entre sus contactos porque las considera importantes. Debemos aprender algunas prácticas de seguridad básicas. Debemos preguntarnos algunas cosas antes de creer en cualquier mensaje aunque llegue de alguna de las personas más confiables de nuestras relaciones.

Hay que entender que esas personas también pueden pecar de crédulas.

La primera pregunta es si la persona que escribe el mensaje es alguien reconocible (no quien envía el mensaje, sino quien lo ha escrito). Una característica de los rumores es que no tienen fuente identificable. Si el mensaje dice: “Soy un jurado electoral que…”, la pregunta es ¿cuál es el nombre de esa persona que dice ser jurado electoral? ¿La conozco?

La segunda pregunta es ¿he hecho algo para ganarme ese premio? Si me he comprado un billete de lotería hay una posibilidad de que me gane el premio, pero si no compré ningún billete, ¿es lógico ganármela? O ¿cuál sería la razón para ganarme un auto si no he participado de ningún concurso?

Si se trata de una noticia falsa uno debe preguntarse ¿hay otros medios reconocidos que estén reportando esa noticia? Aquí los medios tienen una alta responsabilidad en verificar la veracidad de las noticias que publican y no solo publicarlas porque las vieron en un sitio en internet. Esos, algunos consejos para tener una navegación más sana, productiva y libre de riesgos.

(Artículo publicado en la versión impresa del periódico La Razón del 8 de enero de 2018 http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Opinion_0_2852714704.html)

 


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Soberanía tecnológica

Como sociedad, estamos acostumbrados a una forma de relacionarnos con la tecnología, es una relación en la que somos consumidores, estamos convocados, pero solo para comprar, ya sea un mejor teléfono celular, una laptop nueva, un juego para consola, un sistema de vigilancia para la oficina o más crédito para el celular. No pensamos que podemos crear nueva propia tecnología, no solo consumirla.

En el sistema mundial de tecnología nuestro país, y nosotros como parte de él, no tiene un rol activo de creación de tecnología, sino un rol pasivo de consumo. Y hemos asumido tanto ese rol que, por ejemplo, nos parece una gran noticia que algún muchacho o muchacha cree un robot o una nueva aplicación para celular, es tan raro, tan inesperado, que lo apreciamos como algo noticiable.

Incluso hay personas que invierten esfuerzos en desempeñar mejor su rol de consumo y se informan acerca de lo último en smartphones, computadoras y otros equipos de tecnología de comunicaciones, y hacen esfuerzos para adquirirlos.

En una escala mayor, entre los profesionales de informática a cargo de las unidades de tecnología de empresas e instituciones pasa algo similar. Su práctica más común es contratar una empresa, muchas veces una extranjera, que les provee equipos y software, y cuando tienen algún problema, solo levantan el teléfono para solicitarle soporte; imposible pensar en resolver los problemas por sí mismos, los softwares y equipos están cerrados, es un delito abrirlos para aprender. Claro, cuando a estos informáticos se les propone crear su propia tecnología, dudan de sus capacidades, se han acomodado en el rol de facilitadores de consumo tecnológico. En descargo, habrá que mencionar que algunas compañías invierten en algún desarrollo de software, aunque prácticamente nada en desarrollo de hardware.

Si subimos un escalón más, en el Estado tampoco es común que se desarrolle tecnología propia. Si vamos por lo básico, los correos electrónicos que usan los funcionarios suelen ser de servicios gratuitos de empresas como Hotmail y Gmail. Y si miramos lo grande, los servidores que almacenan la información que consumimos y la escasa que producimos suelen estar fuera del país; y lo propio pasa con el software de bases de datos, de monitoreo, de seguridad… Sí, ya lo saben, no nos pertenecen, solo pagamos por una licencia para usar, no para conocer ni para transformar.

Estos casos son muestras de la negación a nosotros mismos de apropiarnos soberanamente de la tecnológica que usamos, porque no se nos ocurre que algo así sea posible. Esta apropiación requiere más esfuerzo, es verdad, pero vale la pena, porque el resultado es ampliar nuestras opciones para tener una mejor vida y mejorar nuestros ingresos.

(Artículo publicado en el periódico La Razón del 22 de agosto de 2016 http://la-razon.com/index.php?_url=/opinion/columnistas/Quiroz-La_Razon-opinion-Bolivia_0_2550344944.html)


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Internet y sociedad en Bolivia

Internet es un espacio tecnológico y, a la vez, un espacio social. Estas dos dimensiones pueden asemejarse a la oferta y demanda. Por un lado, la oferta sería el componente tecnológico: la fibra óptica, el satélite Túpac Katari, los celulares con aplicaciones que tenemos en el bolsillo y cosas más técnicas como el PIT, la firma digital, las placas de arduino, el big data. Por otro lado, la demanda estaría constituida por las dinámicas sociales que exigen avances tecnológicos para satisfacer las necesidades de nuevos usos políticos, económicos, culturales o de socialización, así como las necesidades de mayor eficiencia o mayor acceso a la información y al conocimiento.

De esta manera, se entiende que Internet es una plataforma de dinámicas sociales que reclaman innovaciones tecnológicas, es decir, que tienen la capacidad de cambiar la forma de la tecnología y sus características. El proceso inverso también es posible: la tecnología, con su enorme capacidad de oferta, puede cambiar las dinámicas sociales y, de hecho, lo hace.

Bolivia y su Internet. En los últimos cinco años, estos cambios han sido evidentes. El uso de Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram y varias otras aplicaciones de redes sociales ha transformado el acceso a la información; y la posibilidad de acceder a esa información en cualquier momento y lugar a través de las conexiones móviles —que constituyen el 96% de las conexiones a Internet en Bolivia (ATT, 2016)— ha modificado las prácticas sociales.

Un ejemplo en Bolivia es el efecto que algunos le atribuyen al uso de estas herramientas en el resultado del referéndum constitucional de 2016. Unos opinan categóricamente que el resultado se debió a las redes sociales, otros descalifican este criterio argumentando que sin real politics las redes sociales no hubieran logrado nada. Otros —los más conectados con las tendencias globales— relacionan este fenómeno con el Brexit y la elección de Trump, y hablan de la posverdad, un fenómeno de masas en el que se toman decisiones basadas principalmente en la emocionalidad, (como si antes de este evento las decisiones en procesos plebiscitarios hubieran sido tomadas únicamente con bases racionales). En todo caso, el debate político del referéndum pone en el centro a las dinámicas sociales virtuales y a las tecnologías de Internet.

Un libro, Bolivia Digital. Estas relaciones entre Internet y sociedad y los cambios que una inspira en la otra son el hilo conductor del libro que se presentará esta semana en La Paz con el nombre de Bolivia Digital, editado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS). Este libro pretende facilitar el acceso a datos acerca de los usos de Internet en Bolivia y a reflexiones de más de veinte especialistas ingenieros, comunicadores, abogados, economistas, pedagogos, psicólogos y filósofos.

Territorialización de Internet. El 40% de la población boliviana, urbana y rural, mayor de 18 años usa Internet. Es un dato de 2014 en LAPOP y de la Encuesta de Hogares-INE del 2015. Esto no significa que todos los usuarios de Internet tienen conexiones de calidad y aprovechan todos los beneficios de estar en Internet, sino que hay diversas calidades de conexión, las más frecuentes son las conexiones móviles desde un celular, móviles desde la casa y en cafés Internet o telecentros. Lo más común en Bolivia son las conexiones de calidad media y baja.

Esto genera brechas entre quienes se conectan y quienes no, pero también entre quienes tienen conexiones de buena calidad y quienes se conectan con baja calidad. El uso que se da a una conexión ADSL en casa —una conexión que no tiene límite de descarga, con tarifa única pospago, se use mucho o poco— tiende a ser más beneficiosa que una conexión en el celular con compra de paquetes de 60 megas diarios por Bs 2. Con una conexión ADSL se puede estudiar un curso en línea que tenga videos y descargar los textos para leerlos offline; o se puede llenar un formulario de postulación a un trabajo, enviarlo con adjuntos; o se puede grabar un video, editarlo y publicarlo en alguna plataforma digital. Todas estas actividades son muy difíciles o imposibles de realizar con una conexión en el celular, sea prepago o pospago.

Este fenómeno de experiencias de Internet diferenciadas se denomina territorialización de Internet en el libro Bolivia Digital, que es una evidencia de nuestra condición periférica en los procesos tecnológicos relevantes mundiales, lo que determina el rol de consumidores pasivos más que de productores activos.

Las noticias acerca de la creación de un brazo robótico, o de un boliviano que fue elegido para trabajar en Google, o de software estatal desarrollado con software libre son noticias precisamente por la rareza de esos eventos, y no son muestra de inclusión en los procesos de globalización, sino de nuestra condición periférica.

Soberanía tecnológica. Existen más de 4 millones y medio de cuentas en Facebook creadas en Bolivia. Esto significa que prácticamente todos los usuarios bolivianos de Internet tienen cuenta en esa red social. No es de extrañar, por tanto, que gran parte de las actividades en Internet se realicen en redes sociales, desde leer noticias, comprar y vender los más diversos bienes, chatear con amigos o grupos de amigos, hasta hacer convocatorias para encuentros políticos.

No sin razón se dice que la mitad del mundo de Internet le pertenece a Google y la otra mitad, a Facebook. Y tanto en un mundo como en el otro toda la información que se comparte en ellos es grabada a su paso por los servidores que están en países del norte.

Esto es un reflejo del escaso control que tenemos de la tecnología que usamos. Por tanto, una idea recurrente en Bolivia Digital es precisamente la necesidad de ser más dueños de la tecnología que usamos y de la información que compartimos, es decir, promover nuestra soberanía tecnológica.

(*) Bolivia digital. 15 miradas acerca de Internet y sociedad en Bolivia, Eliana Quiroz (coordinadora), es una publicación del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) (Vicepresidencia del Estado) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Será presentado el jueves 9 de marzo a las 19.00 en el Salón Auditorio del Palacio de Comunicaciones, por Álvaro García, Eliana Quiroz y George Gray Molina.

(Artículo publicado en la version impresa del suplemento Animal Político del periódico La Razón swl 12 de marzo de 2017 http://www.la-razon.com/suplementos/animal_politico/Internet-sociedad-Bolivia-animal-politico_0_2668533155.html)