Internet a la boliviana

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Cambio de términos en Whatsapp

Este 15 de mayo, Whatsapp actualizará sus términos de uso después de un infructuoso pirmer intento en febrero de este mismo año que fue rechazado por un gran grupo de expertos en tecnología en el mundo, defensores de derechos de privacidad, ONGs e incluso Elon Musk quien sugirió cambiarse a otra app de mensajería que respeta más los datos personales de sus usuarios y usuarias, Signal.

La razón para este cambio se debe a que Whatsapp es una empresa deficitaria, es decir, funciona a pérdida. Entonces, este es un intento de hacerla rentable, que dé ganancias a partir de publicidad y de convertirse en una plataforma de ventas.

Los directivos de Whatsapp explican que hay tres grupos de productos de Whatsapp: la app por la que todos nos comunicamos a nivel personal, el Whatsapp business y la API del Whatsapp business. Los cambios, dicen, solo se darán para el tercer grupo de productos pero el cambio de términos de uso deberá ser aceptado por todos los usuarios y usuarias, no solo por quienes usen ese tercer grupo de productos.

Con este cambio se podrá incluir en la lista de contactos a empresas, por lo que se podrá aceptar publicidad de empresas y hacer pedidos a éstas. Ese cambio le permitirá a Whatsapp compartir datos personales con las otras empresas del grupo como Instagram y el propio Facebook independientemente de que tengan cuentas en ellas o no. También se compartirá información de contactos, tengan o no tengan cuentas en esas apps. Zuckerber dio que nunca haría esta integración.

El contenido de los mensajes no será leído por Facebook porque tiene cifrado de punta a punta pero sí la información de compras, frecuencia, ubicación, tipos de dispositivos, etc.

Si una persona no desea aceptar los cambios, desde el 16 de mayo tendrá acceso restringido a su cuenta de Whatsapp. Es decir, podrá recibir llamadas y notificaciones, pero no podrá leer ni enviar mensajes hasta que acepte el cambio en los términos de uso, y luego vendrán otros bloqueos. Si no acepta el cambio, tendrá bloqueado el servicio.

Más allá de que a algunas personas no les preocupe compartir sus datos con un holding de empresas ¿es necesario que todos debamos aceptar un cambio en términos de uso aunque no vayamos a usar el servicio y que en caso de no aceptar, tengamos bloqueos paulatinos de los servicios de la app?

Pero en serio ¿es posible dejar de usar Whatsapp? Para la mayor cantidad de personas la respuesta será negativa porque sus contactos están en esa app, porque no tienen suficiente memoria en sus celulares o porque desconocen cómo hacerlo y esto es una muestra de que la decisión no se hará de una forma informada y libre sino que no les quedará otra.


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Empresas 2.0

Desde hace un par de años presenciamos tensiones en la dinámica política escenificada en internet. Las acciones de políticos están bajo el escrutinio público permanentemente, los usuarios de las redes sociales ejercen control social y se manifiestan (a veces furibundamente) a favor o en contra de temas sensibles. Las empresas también enfrentan estas acciones de control, censura y presión por parte de los usuarios de internet acerca de temas como discriminación, machismo, violencia de género, mal servicio o cambios en su servicio. Esto provoca tensiones en la legitimidad de las compañías.

El cambio de horario de Los Simpsons, el cambio de la presentación de la llajua de Pollos Copacabana, la publicidad de Corimexo, el paradigmático mal servicio de las compañías de telecomunicaciones y últimamente un restaurante en Santa Cruz y una pizzería en Cochabamba han tenido que enfrentar debates públicos para los que evidentemente no están preparados.

No existen estrategias de manejo de crisis comunicacional y, peor aún, no hay tino en la comunicación empresarial guiada por la inmadurez en los argumentos. Las empresas necesitan entender que tienen responsabilidad social, su accionar en sociedad no se reduce a comprar y vender.

La ausencia de comunicados públicos, así como los comunicados poco pensados, ahondan el problema. Dos ejemplos: Pollos Copacabana no respondió a las manifestaciones de protesta de sus clientes sino varios días después, cuando el nivel de la crisis ya había escalado. Otro, el jefe de la agencia publicitaria de un restaurante en Santa Cruz explicó que usó una palabra por su contenido denigrante para mostrar que la pizza que publicitaba no era del montón. Eso, por decir poco, es torpe.

Un argumento flaco es que los grupos que protestan no son los clientes de una empresa. Pueden ser grupos minoritarios, es lo de menos, lo importante es su capacidad de dañar la imagen de empresas.

Resulta aconsejable que los dueños y accionistas de las firmas se pregunten si hay necesidad de indisponer la relación con líderes de opinión (catedráticos, artistas, directores/ras de instituciones, periodistas) solo por defender una línea de publicidad grosera o a un empleado con denuncia previa de violencia.

Las empresas están enfrentando un ambiente de comunicación pública más complejo, requieren actualizarse. Necesitan asesoramiento de profesionales de comunicación que entiendan la reivindicación de derechos por los que está atravesando el país. De lo contrario, no solo perderán clientela y dinero para enfrentar sus crisis de imagen, sino que además construirán barreras innecesarias para ingresar a mercados internacionales donde estos debates están tan vivos y bullentes como en Bolivia.